Un documental clásico que no nos cansamos de verlo.
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miércoles, 6 de abril de 2016
lunes, 9 de diciembre de 2013
EL ENTIERRO DE DURRUTI (Doblada)
Aproximadamente a la una de la tarde del 19 de noviembre de 1936, en plena Batalla de la Ciudad Universitaria de Madrid, en la calle Isaac Peral, Durruti es herido en el pecho por una bala de extraña procedencia; en grave estado, es llevado al Hotel Ritz, sede del hospital de sangre de las milicias catalanas, donde muere al día siguiente a las cuatro de la mañana. El martes de la pasada semana hicieron 77 años.
El escritor alemán H. E. Kaminski, autor del libro Los de Barcelona (junto a Homenaje a Catalunya de Orwell, uno de los grandes testimonios de la revolución social en Cataluña), relató de este modo los funerales de Durruti:
"El cadáver llegó a Barcelona tarde por la noche. Había llovido todo el día y los coches que escoltaban el féretro estaban llenos de barro. La bandera rojinegra que cubría el coche fúnebre estaba sucia. En la casa de los anarquistas, que antes de la revolución había sido la sede de la Cámara de Industria y Comercio, los preparativos ya habían comenzado el día anterior. El vestíbulo había sido transformado en capilla ardiente. Como por milagro, todo se había hecho a tiempo. La ornamentación era simple, sin pompa ni detalles artísticos. De las paredes colgaban paños rojos y negros, un baldaquín del mismo color, algunos candelabros, flores y coronas: eso era todo. Sobre las dos puertas laterales, por donde debía pasar la multitud en duelo, se había colocado, a la usanza española, grandes letreros donde se leía: "Durruti os dice que entréis" y "Durruti os dice que salgáis".
Unos milicianos vigilaban el féretro, con los fusiles en posición de descanso. Después, los hombres que habían venido con el ataúd desde Madrid, lo condujeron a la casa. A nadie se le había ocurrido abrir los grandes batientes del portal, y los portadores del féretro tuvieron que estrecharse al pasar por una pequeña puerta lateral. Les había costado abrirse paso a través de la multitud que se agolpaba ante la casa. Desde las galerías del vestíbulo, que no habían sido decoradas, miraban unos curiosos. El ambiente era de expectativa, como en un teatro. La gente fumaba. Algunos se quitaban la gorra, a otros no se les ocurría hacerlo. Había mucho ruido. Algunos milicianos que venían del frente, eran saludados por sus amigos. Los centinelas trataban de hacer retroceder a los presentes. También esto causaba ruido. El hombre encargado de la ceremonia daba indicaciones. Alguien tropezó y cayó sobre una corona. Uno de los que llevaban el ataúd encendió cuidadosamente su pipa, mientras la tapa del féretro era levantada. El rostro de Durruti yacía sobre seda blanca, bajo un vidrio. Tenía la cabeza envuelta en una bufanda blanca que le daba aspecto de árabe.
Durruti era un amigo. Tenía muchos amigos. Se había convertido en el ídolo de todo un pueblo. Era muy querido, y de corazón. Todos los allí presentes en esa hora lamentaban su pérdida y le ofrendaban su afecto. Y sin embargo, aparte de su compañera, una francesa, sólo vi llorar a una persona: una vieja criada que había trabajado en esa casa cuando todavía iban y venían por allí los industriales, y que probablemente nunca lo había conocido personalmente. Los demás sentían su muerte como una pérdida atroz e irreparable, pero expresaban sus sentimientos con sencillez. Callarse, quitarse la gorra y apagar los cigarrillos, era para ellos tan extraordinario como santiguarse o echar agua bendita.
Miles de personas desfilaron ante el ataúd de Durruti durante la noche. Esperaron bajo la lluvia, en largas filas. Su amigo y su líder había muerto. No me atrevería a decir hasta qué punto era dolor y hasta qué punto curiosidad. Pero estoy seguro de que un sentimiento les era completamente ajeno: el respeto ante la muerte.
El entierro se llevó a cabo al día siguiente por la mañana. Desde el principio fue evidente que la bala que había matado a Durruti había alcanzado también el corazón de Barcelona. Se calcula que uno de cada cuatro habitantes de la ciudad había acompañado su féretro, sin contar las masas que flanqueaban las calles, miraban por las ventanas y ocupaban los tejados e incluso los árboles de las Ramblas. Todos los partidos y organizaciones sindicales sin distinción habían convocado a sus miembros. Al lado de las banderas de los anarquistas flameaban sobre la multitud los colores de todos los grupos antifascistas de España. Era un espectáculo grandioso, imponente y extravagante; nadie había guiado, organizado ni ordenado a esas masas. Nada salía de acuerdo a lo planeado. Reinaba un caos inaudito.
A las diez y media, el ataúd de Durruti, cubierto con una bandera rojinegra, salió de la casa de los anarquistas llevado en hombros por los milicianos de su columna. Las masas dieron el último saludo con el puño en alto. Entonaron el himno anarquista "Hijos del pueblo". Se despertó una gran emoción. Por alguna razón, o por error, se había hecho venir a dos orquestas: una tocaba muy bajo y otra muy alto. No lograban tocar al mismo compás. Las motocicletas rugían, los coches tocaban la bocina, los oficiales de las milicias hacían señales con sus silbatos, y los portadores del féretro no podían avanzar. Era imposible organizar el paso de una comitiva en medio de ese tumulto. Ambas orquestas volvieron a ejecutar la misma canción una y otra vez. Ya habían renunciado a mantener el mismo ritmo. Se escuchaban los tonos pero la melodía era irreconocible, Los puños seguían en alto. Por último cesó la música, descendieron los puños y se volvió a escuchar el estruendo de la muchedumbre en cuyo seno, sobre los hombros de sus compañeros, reposaba Durruti.
Pasó por lo menos media hora antes que se despejara la calle para que la comitiva pudiera iniciar su marcha. Transcurrieron varias horas hasta que llegó a la plaza Cataluña, situada sólo a unos centenares de metros de allí. Los jinetes del escuadrón se abrieron paso, cada uno por su lado. Los músicos, dispersados entre la multitud, trataron de volver a reunirse. Los coches cargados de coronas dieron un rodeo por las calles laterales para incorporarse por cualquier parte al cortejo fúnebre. Todos gritaban a más no poder.
No, no eran las exequias de un rey, era un sepelio organizado por el pueblo. Nadie daba órdenes, todo ocurría espontáneamente. Reinaba lo imprevisible. Era simplemente un funeral anarquista, y allí residía su majestad. Tenía aspecto extravagante, pero en ningún momento perdía su grandeza extraña y lúgubre.
Los discursos fúnebres se pronunciaron al pie de la columna de Colón, no muy lejos del sitio donde una vez había luchado y caído a su lado el mejor amigo de Durruti (N. del E. ese amigo era Ascaso)
García Oliver , el único superviviente de los compañeros habló como amigo, como anarquista y como ministro de Justicia de la República española.
Después tomó la palabra el cónsul ruso. Concluyó su discurso, que había pronunciado en catalán, con el lema "¡Muerte al fascismo!". El presidente de la Generalitat, Companys, habló hasta el final: "¡Compañeros!", comenzó y terminó con la consigna "¡Adelante!"
Se había dispuesto que la comitiva fúnebre se disolviera después de los discursos. Sólo algunos amigos de Durruti debían acompañar el coche fúnebre al cementerio. Pero este programa no pudo cumplirse. Las masas no se movieron de su sitio; ya habían ocupado el cementerio, y el camino hacia la tumba estaba bloqueado. Era difícil avanzar, pues, para colmo, miles de coronas habían vuelto intransitables las alamedas del cementerio.
Caía la noche. Comenzó a llover otra vez. Pronto la lluvia se hizo torrencial y el cementerio se convirtió en un pantano donde se ahogaban las coronas. A último momento se decidió postergar el sepelio. Los portadores del féretro regresaron de la tumba y condujeron su carga a la capilla ardiente.
Durruti fue enterrado al día siguiente".
martes, 16 de abril de 2013
VIVIR LA UTOPÍA
Vivir la utopía es un documental de 1997, producido por TVE y dirigido por Juan Gamero, en el cual se describe la experiencia anarcosindicalista y anarcocomunista vivida en España que transformó radicalmente las estructuras de la sociedad en amplias zonas del bando republicano, evento denominado revolución española, durante la guerra civil de 1936-39.
Consta de 30 entrevistas con sobrevivientes anarquistas de la revolución española, cuyo testimonio muestra la labor constructiva de la revolución social y los antecedentes históricos del movimiento libertario español. Esta labor constructiva significó según el documental la organización de colectividades agrícolas de alrededor de 7 millones de campesinos, 3000 fábricas y empresas colectivamente autogestionadas en las ciudades, la unión de 150.000 milicianos anarquistas contra el fascismo, así como las actividades culturales, educativas y el movimiento Mujeres Libres de mujeres contra el patriarcado.
Anarquistas entrevistados: Miguel Alba, Ramon Álvarez, Frederico Arcos, Marcelino Bailo, Maria Batet, Severio Campos, Francisco Carrasquer, Miguel Celma, Valerio Chiné; José Espana, Jose Fortea, Juan Giménez, Antonio Lahuerta, Concha Liaño, Fidel Miró, Aurora Molina, Heleno Molina, Conxa Pérez, Suceso Portales, Dolores Prat, Ximo Queirol, Maravilla Rodríguez, Juan Romero, Manuel Sanz, Liberto Sarrau, José Sauces, José Serra Estruch, Antonio Turón, José Urzáiz, Antonio Zapata.
sábado, 21 de abril de 2012
Los anarquistas: CNT (TVE, 1984)
Documental de TVE sobre los anarquistas, su arraigo en España, auge, caida, el fin de la guerra, el exilio, el franquismo, con intervenciones de Federica Montseny, Cipriano Damiano, Ramon Alvarez, Juanel, Luis Andres Edo, Eliseo Bayo, .entre otros.
sábado, 25 de febrero de 2012
Documental 'Sueños Colectivos' Colectividades del Alto Aragón en la guerra civil
Desde el mismo comienzo de la guerra civil, en julio de 1936, en muchos pueblos de la España republicana y en la gran mayoría de los del Alto Aragón, mujeres y hombres de manos endurecidas por el frío y el viento, personas que no conocían el descanso, sin apenas estudios pero con una gran valentía y entusiasmo por cambiar las cosas, optaron ante la inminencia de la siega por realizar el trabajo en común recogiendo las cosechas. Colectivizaron la tierra, pusieron fin a la explotación del hombre por el hombre. Abolieron el dinero implantando el intercambio de productos, articularon un reparto igualitario según las necesidades de cada uno, atendieron cuestiones sociales que hasta entonces habían sido olvidadas durante siglos. Esta experiencia colectiva de solidaridad y apoyo mutuo se mantuvo hasta marzo del 38 en el que las tropas fascistas fueron tomando aquellos pueblos con la violencia de las armas, expulsando a sus habitantes hacia el exilio, la cárcel o el paredón. Una verdadera historia de outsiders sobre la que han vuelto, setenta años después, Manuel Gómez y Marco Potyomkin para contarla y dar forma con ella a un documental impecable y clarificador de lo que fueron y significaron las colectividades.
Producciones Potyomkin.
http://potyomkinproducciones.wordpress.comviernes, 21 de enero de 2011
¡Ni peones ni patrones!
Es un documental de Hanneke Willemse, Jan Groen y Leen van den Berg, producido por el Colectivo Kontrastfilm, que narra cómo durante la Guerra Civil Española, los anarcosindicalistas llevaron a cabo una revolución social. El ideal de la autogestión fue puesto en práctica por muchos de estos militantes. En grandes zonas de la España republicana se comenzó a vivir en una sociedad en la cual todo el mundo era igual y nadie explotaba a nadie. Una de las regiones donde más desarrollo alcanzo esta revolución fue en Aragón. También los habitantes de la comarca del Cinca colectivizaron la economía bajo el principio de cada uno según sus fuerzas y a cada uno según sus necesidades. Los protagonistas de la película son mujeres y hombres que viven en la comarca del Cinca. Las personas hablan de sus experiencias de los años treinta y explican lo que significan los ideales revolucionarios. También muestran la importancia de la enseñanza anarquista para la realización de una revolución social y para poder mantener sus ideales durante los cuarenta años de la dictadura franquista.
Vivir la Utopia
Documental de 1997, dedicado al rico movimiento anarquista y anarcosindicalista en España.
(Recomendado)
Vivir la utopia from odo on Vimeo.
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